Los corazones de ellos siguen latiendo, sus heridas sanan, sus cuerpos no se descomponen, pueden digerir alimentos, pueden tener fiebre, sufrir escaras, sufrir ataques cardíacos, sudar, sonrojarse e incluso pueden tener bebés. A pesar de todo ello, estas personas se hallan muertas aunque les late el corazón, e indiscutiblemente este hecho es respaldado por la ciencia.

Muerte cerebral

Este es el caso de miles de personas a las que les funciona el corazón perfectamente, también sus órganos y tienen pulso; sin embargo debido a la muerte cerebral no pueden realizar ningún tipo de actividad. Muchos los han llamado “cadáveres de corazón latiente”.

Es bien sabido que los gastos que supone tener a un ser querido en esta situación, son demasiado altos, y con suerte pueden durar algunas semanas; en casos muy extraños meses o años. Ahora bien, algunos se preguntan si están realmente muertos.

Esta ha sido la pregunta más importante de la historia, puesto que se han conocido casos de personas a las que enterraban vivas, es por este hecho que los franceses dispusieron de 30 métodos para confirmar si estaban muertos, uno de ellos era pellizcar los pezones o colocar sanguijuelas en los glúteos.

Ahora bien, no fue hasta el año 1846, en el que un joven medico llamado Eugène Bouchut,  de Paris determino que si el corazón de alguien no latía por unos minutos podría denominarse como muerte clínica y la persona debía ser enterrada.

Ahora bien, no fue sino hasta 1950 donde algunos médicos llegaron a descubrir que algunos pacientes cuyo corazón latía se hallaban muertos, puesto que no presentaban ningún tipo de actividad cerebral; pero con esperanza de recuperación.

Caso contrario es el de la persona que se encuentra en estado vegetativo, pues en este caso el cerebro está altamente dañado sin posibilidad de recuperación. Esta denominación de “cadáver de corazón latiente” solo se le puede dar a aquellos casos en los que todo el cerebro está muerto.

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